Make your own free website on Tripod.com
 

San Ignacio de Loyola creía firmemente que cada criatura es una obra original e irrepetible del Creador. Cada persona, creada a su imagen y semejanza, es libre para responder a su amor. Estos criterios de formación ayudan a ver quién es y cómo debe ser formada la persona que elige la CVX como camino de vida. En la rica trayectoria de la CVX hasta hoy día, la comunidad ha recibido un énfasis más explícito.

Sin perder nada de esta riqueza, se trata ahora de mirar a la persona, el "subjecto" para entrar en la escuela de los Ejercicios Espirituales y vivir el estilo de vida CVX. La pedagogía de san Ignacio contempla cada persona y la ayuda a poner todo lo que es y tiene al servicio del Reino de Dios. Para ello, la invita a vivir en actitud de disponibilidad, dispuesta a cambiar su modo de actuar y pensar, ejercitándose en integrar constantemente experiencia, reflexión y acción. La CVX, deseando ser fiel a esta pedagogía, quiere formar hombres y mujeres que libremente se ofrecen al Señor y a su Iglesia, dispuestos a servir allí donde sean enviados. Estos criterios pretenden ser una referencia para este proceso de formación.

Los rasgos de la cristología ignaciana configuran el estilo de vida CVX: austero y sencillo, solidario con los más pobres y con los marginados, integrando contemplación y acción, en todo amando y sirviendo en la Iglesia, y con discernimiento. Esta cristología ignaciana brota de la contemplación de la Encarnación, donde se manifiesta la misión de Jesús; brota de contemplarlo a Él, enviado por el Padre para salvar al mundo, y que escoge y llama personalmente a colaborar con El de entre aquellos que se reconocen débiles y pecadores. Surge del seguimiento de Jesús, Rey eternal, que se despojó de sí mismo para llevar una vida de pobreza y humillaciones; de la unión con Él en su pasión y resurrección, donde se manifiesta la fuerza del Espíritu que da forma a la Iglesia como Cuerpo de Cristo.